Una elección que derribó paradigmas


Por Mariano Rovatti

“La experiencia es un peine que te regalan cuando te quedás pelado” (Oscar Natalio “Ringo” Bonavena)

Con resultados que no soñaban ni los mismos ganadores, el Frente Cambiemos se alzó con el triunfo en la Provincia de Buenos Aires, arrebatándosela al Frente para la Victoria. Ese triunfo, más el de la provincias de Jujuy, Mendoza, Santa Fe, Capital Federal y Córdoba, le subieron el piso a la candidatura nacional de Mauricio Macri, quien quedó a tiro de ser consagrado Presidente en la segunda vuelta.

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No había datos, y los rumores eran variados. Cuando Daniel Scioli subió al escenario de un Luna Park teñido de naranja, despejó en pocos minutos las dudas. Su rostro estaba serio, su mirada denotaba enojo y sus palabras no eran las habituales en él. Un tono inusualmente confrontativo y polarizante –con los que por lo general no se halla cómodo- insinuaba que algo no estaba bien para él. El gobernador convocó a seguir la lucha, marcando la cancha al mejor estilo kirchnerista, y con escasa fidelidad a sí mismo. A destiempo, señaló que se enfrentaban dos modelos, alineándose a uno de los bandos en pugna. Hacia el final del discurso, se acordó que en un ballotage los libros enseñan que hay que arrimarse al medio, y recordó a Raúl Alfonsín como el “padre de la democracia”. Resultó tan creíble como Mauricio Macri inaugurando el monumento al Gral. Perón…

Desde las 18 hs., los referentes de Cambiemos proclamaban que había ballotage, en señal de victoria. Llegar a él ya lo era, más allá de los números que llegarían cerca de la medianoche. Pero el gran triunfo de la jornada sería el batacazo dado por María Eugenia Vidal, derrotando a Aníbal Fernández y poniendo fin a veintiocho años de hegemonía justicialista en el principal distrito del país.

Un triunfo comparable al de Alfonsín en 1983, y al de Graciela Fernández Meijide en 1997, en el otoño menemista, que incluyó la conquista de distritos como Tres de Febrero, Quilmes o Morón, en el conurbano y de Mar del Plata, La Plata y medio centenar de intendencias en el interior bonaerense.

El nivel de voto de Vidal roza el 40%, con lo que dentro de su caudal puede encontrarse una porción de voto peronista, quizás, cerca del 7% del total. Ello fue el resultado de un cambio de orientación en el mensaje de Cambiemos. Abandonó el gorilismo que le sugería el sector purista y reconoció los valores históricos del justicialismo. Incluyo mensajes con mayor contenido social, y le dio protagonismo a dirigentes de origen peronista, como Cristian Ritondo y Emilio Monzó.

El gran piantavotos fue Aníbal Fernández, quien le tiró para abajo la boleta a Scioli, quien obtuvo menos votos que en las PASO. Su figura quedó asociada a la intolerancia y al narcotráfico, quedando sólo como un referente del hiperkirchnerismo, que planeaba convertir a la gobernación bonaerense en un aguantadero de funcionarios y militantes emigrantes de la administración pública nacional.

Aun cuando ayer fue una jornada climáticamente apacible, sin inundaciones que impidieran llegar al comicio, hecho que se suponía había perjudicado a los votantes del FPV, la elección de Aníbal fue peor que la de Herminio Iglesias en 1983.

Influyó también la pobre gestión de Scioli como gobernador bonaerense. Es difícil recordar una obra que inmortalice su figura como mandatario provincial. El conurbano es un territorio con un déficit patológico en infraestructura de servicios, y la pobreza mantiene niveles altísimos, luego de ocho años de mandato. En el interior, la figura del gobernador no logró despegarse del gobierno nacional que se enfrentó con el campo en 2008, y que en los últimos años mantiene al sector al borde de la quiebra con su políticas cambiaria, productiva, comercial y financiera.

El kirchnerismo duro ensayó ya una crítica a Clarín y a los demás grupos concentrados, como artífices de la victoria amarilla. Ello implica una subestimación de la población, casi un ejercicio de profundo gorilismo, al despreciar la voluntad popular cuando ésta no se alinea a los propios intereses. Los medios pueden narrar su relato –como también lo hace el gobierno- pero éste es cotejado con la realidad diaria por cada uno de los argentinos, y se torna más o menos creíble según la experiencia personal y social. Las tres “i” - inflación, inseguridad e impunidad- son temas del relato opositor, pero también son realidades que sufre cada argentino en su vida concreta.

Daniel Scioli quedó herido, pero aún no hay que darlo por muerto. El kirchnerismo supo levantarse de cada caída, y su candidato también. Apoyado en los gobernadores del PJ, y sin el lastre de Aníbal Fernández en la boleta, tiene la ocasión de recuperarse. Lo peor que puede hacer Macri ahora es creer que ya ganó.

A Scioli no lo favorece el impacto emocional que provocó en la sociedad la victoria de Vidal y la gran elección de Cambiemos a nivel nacional. Pese a perder por dos puntos, Macri fue el ganador, y Scioli perdió pese a ser el triunfador formal. En tres semanas difícilmente se modifique ese estado de ánimo instalado socialmente.

¿Qué hará el gobierno en estos días? Si aún tiene ganas de sostener a su candidato, prolongará sus artilugios financieros para mantener el dólar quieto, los precios tranquilos y que no se caiga el consumo. Quizás, alguna variable de la economía se escape del control gubernamental.

El otro batacazo de la jornada es la victoria de Gerardo Morales en Jujuy, con el apoyo múltiple de Sergio Massa y Mauricio Macri a su candidatura. Derrotó al señor feudal de la provincia, Eduardo Fellner, quien tuvo en Milagro Sala a su Aníbal Fernández. Pese a las diferencias de contexto, el mismo mensaje a miles de kilómetros de distancia.

De cara al ballotage, sube el precio del tercero, Sergio Massa. Su 21% es un gran mérito, pues creció cuando la cátedra decía que iba a caerse víctima de la polarización. Sufrió una imparable sangría de dirigentes que fugaron hacia el FPV, quitándole el aparato del que había gozado en 2013. Se potenció lanzando propuestas concretas, y rodeándose de figuras que le aportaron experiencia e idoneidad, como José Manuel de la Sota, Roberto Lavagna, Diego Gorgal o Gustavo Iaies. Tras las PASO, creó un estado mayor más calificado haciendo que su liderazgo fuera menos personalista. Veremos si puede sostenerlo.

A Massa le conviene el triunfo de Macri, pues le abre la posibilidad de disputar el liderazgo del peronismo, sacando de la cancha a la banda kirchnerista, que ya no contará con cobertura política ni caja. A los 43 años, el futuro de Massa es promisorio.

Mauricio Macri tiene la oportunidad de reparar su error de ningunearlo en el armado de las listas. Sí llega a un acuerdo con Massa, cierra la elección de noviembre. Quizás ninguno de los dos quiera compartir el gobierno, pero la Presidencia de la Cámara de Diputados pueda ser un arreglo atractivo para Massa, sin quitarle poder a Macri. Seguramente, Cambiemos, UNA y Progresistas no repetirán el error de 2009, cuando le regalaron a Fellner la presidencia del cuerpo.

Si triunfa el 22 de noviembre, el gran desafío para Cambiemos será la gobernabilidad y la gestión, con resultados positivos para la población. Esta elección muestra que la ciudadanía no entrega de por vida su confianza a nadie. Y quizás, al no peronismo le exige más que al peronismo. Si Macri empieza su gobierno con un ajuste al estilo López Murphy, le irá igual que a De la Rúa.

Quienes deberán pasar por el purgatorio son los encuestadores y analistas que presagiaban la victoria en primera vuelta de Scioli, aún hasta en las encuestas de boca de urna del día de ayer. ¿Errores de metodología?, ¿falta de profesionalismo? Quizás sólo los exculpa que cuando todos se equivocan, todos tienen razón.

Estas elecciones nos muestran que nada está escrito de antemano, y que lo que pasó antes no tiene por qué volver a pasar tal cual. El poder de los barones del conurbano, el piso del voto kirchnerista, las motivaciones del voto popular, la polarización…fueron tomadas como verdades incuestionables, A veces, la historia nos parece cíclica –o nos resulta funcional percibirla así- pero hay momentos en que ese ritmo circular se altera, y aquélla se vuelve por un rato lineal o espiralada. La experiencia sirve como referencia, pero nunca es un protocolo que se aplica sí o sí frente a cada situación. Hubo hechos como el 17 de octubre o el juicio a las Juntas que fueron bisagras en la historia.

La jornada de ayer quizás haya sido una de ellas.

Buenos Aires, 26 de octubre de 2015

Así comunica el kirchnerismo:

Una perlita: video capturado de la señal de c5n, que luego fue retirado de la web. Todo un símbolo de cómo el kirchnerismo cuenta su cuento:



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1 comentario:

Catalina Pantuso dijo...

Comparto tu análisis plenamente, sin embargo quisiera profundizar algunos aspectos. En primer lugar quiero poner en escena a un actor que, pareciera, casi nadie se atreve a nombrar: la Iglesia. Se debe recordar que fue el propio Papa Francisco quien hace algunos meses advirtió públicamente que Argentina corría el riesgo de "mexicanizarse", y que fue Aníbal Fernández quien se atrevió a desmentirlo con argumentos pueriles y mentirosos. Después Gustavo Vera continuó con la necesidad de enfrentar al narcotráfico. Ni los encuestadores, ni Macri (el primer sorprendido con el triunfo bonaerense) ni La Cámpora tuvieron en cuenta el peso de las parroquias bonaerenses. El voto a María Eugenia Vidal fue en DEFENSA PROPIA. Es cierto que la elección de Macri se vió muy beneficiada por el peronismo bonaerense que no quiso votar a un personaje que nos mandó a meternos !"la marchita" en el culo, acompañado por un claro referente del nuevo Partido Comunista Congreso Extraordinario: Sabbatella. El peligro más grande fue desarticulado el domingo pasado.
Ahora hay que recordar que la estrategia K era que Macri fuese presidente para que Cristina quedara como Real Cabeza de la Oposición, haciendo pie en la Pcia. de Buenos Aires. El desafío actual es, justamente,que el cristinismo quede totalmente vencido para neutralizar su poder de daño. Necesitamos una Argentina que no vuelva a repetir,neuróticamente, sus errores. Estamos en una verdadera encrucijada. Al decir de Marechal "del laberinto se sale por arriba". ¿Seremos capaces de elevarnos sobre la mediocridad y el facilismo político? Es una pregunta que hoy no puedo contestar.