Las corrientes económicas en Argentina





Por Mariano Rovatti

Tres grandes corrientes de pensamiento dominan el firmamento de la economía política en la Argentina. Una estatista-populista, otra liberal-monetarista y la tercera, estructuralista-productivista. Compartimos un breve análisis sobre sus influencias históricas y actuales.

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Este es un año electoral, y aunque entendemos que el eje del debate político estará centrado en la cuestión institucional, una vez que asuma el nuevo gobierno, el conflicto político se desplazará hacia lo económico-social, estimulado por la sistemática postergación de políticas para encarar la solución de los problemas económicas actuales: endeudamiento, inflación, recesión, atraso cambiario, actualización salarial, etc.

La idea de este trabajo es imaginar qué va a hacer cada aspirante a la Presidencia en 2016 en el caso que sea elegido. ¿Cuál es su plan económico? ¿Qué diagnóstico hacen? ¿Cuáles serán sus prioridades? ¿Cuáles figuras del pasado les sirven de inspiración?¿Les interesa la cuestión, o lo delegan en los técnicos que los rodean?

Todo lo dicho aquí es opinable, y es sólo una mirada política al devenir económico. A continuación haremos un breve análisis de cada corriente:

a) Corriente estatista – populista:

Es la que representa la actual conducción económica encabezada por el ministro Axel Kicilof. El kirchnerismo ha radicalizado sus posturas desde la asunción de Cristina Fernández en 2007. Esta corriente se basa en una profunda desconfianza hacia los mercados y la actividad privada, generando una fuerte regulación de toda la actividad económica y un creciente rol del Estado en la economía, no sólo como árbitro sino como parte del sistema productivo. El Estado es el motor del desarrollo económico.

El kirchnerismo ha reestatizado el sistema jubilatorio, el correo, YPF y los ferrocarriles. Como fruto de la primera, se introdujo en los directorios de los grupos económicos más importantes, al hacer uso de las acciones adquiridas por las ex AFJPs. A través de una mayor presencia de la AFIP, y con el pretexto de controlar la evasión, accede a la intimidad de las empresas como nunca antes.

Asimismo, genera un aumento de la demanda de bienes y servicios, a través de la inyección de liquidez mediante subsidios, aumentos salariales convencionales y jubilatorios y créditos al consumo. Sostiene que la promoción del mercado interno es la mejor manera de estimular la productividad. El efecto inmediato es el de una bonanza que se va diluyendo con el paso del tiempo, si no se toman medidas estructurales.

Esa política no evitó que casi cinco millones de jubilados ganen menos de $4.000.- por mes, y que casi trece millones de argentinos vivan por debajo de la línea de pobreza.

Este modelo suele derivar en procesos inflacionarios, ya que el crecimiento súbito de la demanda que se genera artificialmente, no es acompañado por una suba proporcional de la productividad. La inflación no es considerada por esta corriente como un problema grave, sino como un efecto colateral negativo pero accesorio de un proceso de crecimiento y distribución de la riqueza. Asimismo, suelen confundir el proceso inflacionario (deterioro del valor de la moneda nacional) con uno de sus efectos (el aumento sostenido de los precios) por lo que reducen su combate a planes de controles o acuerdos de precios. Discursivamente, suelen acusar al comportamiento malicioso (ansia desmedida de lucro, tendencia a la concentración de los principales grupos, etc. ) de los actores económicos por el aumento del costo de vida.

Ven en la obra publica un factor dinamizante de la economía, aunque genere déficit fiscal, el que intentarán tapar principalmente con emisión o con suba de impuestos. También son cultores del “vivir con lo nuestro”, un estado de autonomía – o aislamiento- de los centros comerciales y financieros del mundo.

Históricamente, y con distintos matices, el sistema se ha reproducido en distintas oportunidades en la Argentina. El primer peronismo (1946-55) lo llevó a cabo, con la salvedad que se vivía en la posguerra, y poco podía esperarse del capital privado, que de todos modos fue importante en el nacimiento de la industria liviana en la Argentina. Esa experiencia marcó el nacimiento del Estado como actor económico, que sólo había intervenido una década atrás, con la instauración de las juntas reguladoras de carnes y granos. Hasta entonces, sólo existía el modelo liberal agroexportador, y el aporte del peronismo fue redefinir y jerarquizar el rol del Estado.

También el gobierno del radical Arturo Illia (1963-66) puede incluirse en este modelo, y el período 1973-76 (presidencias de Cámpora, Lastiri, Perón y Martínez de Perón). La presidencia de Raúl Alfonsín (1983-89) y las de Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015) también adscriben a este modelo.

Expresan hoy este pensamiento todo el equipo económico encabezado por Kicilof, el diputado oficialista Carlos Heller, el ex ministro Aldo Ferrer, y el diputado Claudio Lozano, entre otros.

Inspiran a esta corriente pensadores como Johan Maynard Keynes, Raúl Prebisch y Joseph Stiglitz, entre otros.

b) corriente liberal – monetarista:

Sus exponentes consideran al mercado como el sistema normal de generación y distribución de la riqueza de un país. Desconfiados del Estado, proponen un proceso de desregulación de las variables económicas, y un rol acotado de aquél como simple garante de la seguridad jurídica que atraiga inversiones.

Suelen poner el acento en la necesidad de que el Estado tenga superávit fiscal, por lo que la reducción del gasto público es uno de sus principales postulados. Priorizan la relación del país con los centros financieros del mundo y con los grandes grupos económicos.

Conciben a la inflación como un problema de raíz básicamente monetaria, que se soluciona terminando con el déficit fiscal, lo que no demandaría mayor emisión. Frente a una posibilidad de alza de precios, promueven enfriar la economía subiendo la tasa de interés, disminuyendo la liquidez. Asimismo, suelen ser reticentes en materia de actualización salarial y beneficios sociales. Todo ello apunta a una contracción de la demanda como estrategia global para garantizar la estabilidad de la economía.

Una de sus máximas preocupaciones es mantener baja la tasa de riesgo país, a fin de tener acceso fácil al crédito internacional y a las inversiones extranjeras.

Otro rasgo derivado de la libertad económica propugnada por este espacio, es la tendencia a bajar los aranceles al comercio exterior, estimulando la competencia y considerando a todo el mundo como un único mercado. Esto deriva en políticas no proteccionistas de la industria local. También el tipo de cambio es fijado por el mercado.

Un rasgo similar con el populismo es su uso del crédito, que orienta sólo al consumo y no a la producción, ya que concibe a aquél como una actividad más sujeta a las reglas del mercado, por lo que sólo debe circular el crédito cuyo cobro esté garantizado. La banca destinada al estímulo de la producción no tiene sentido en este modelo, ya que la la rentabilidad ofrecida por el mercado sería suficiente en sí misma.

Este modelo suele ser eficaz para generar riqueza, pero consiente la concentración de la misma en pocas manos, lo que determina un debilitamiento del poder político del Estado y conflictos sociales generados por el estancamiento salarial y el aumento del desempleo.

Históricamente, en la Argentina este modelo fue seguido –con matices- por las dictaduras 1955-58, 1963-66 y 1976-83, la segunda etapa del gobierno de Carlos Menem (1996-1999) y la corta gestión de Fernando de la Rúa (1999-2001).

Internacionalmente, influyen en esta corriente los economistas clásicos (Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill) y la escuela de la Universidad de Chicago, (Milton Friedman)

Actualmente, y también con sus respectivas tonalidades, son exponentes de esta corriente los economistas del PRO -liderado por Mauricio Macri- Carlos Melconian, Rogelio Frigerio (n) y Federico Sturzenegger; su ex aliado Ricardo López Murphy y los independientes Daniel Artana, Roberto Cachanovsky, Miguel Angel Broda, José Luis Espert, Roque Fernández, Daniel Marx, Alberto Benegas Lynch y Guillermo Calvo, entre otros..

c) corriente estructuralista – productivista

Esta es una corriente que combina concepciones y herramientas de las dos anteriores. Cree y desconfía por igual del mercado y del Estado, viendo al primero como más apto para generar riquezas, y al segundo como más idóneo para repartirlas.

Promueve una convivencia entre estado y mercado, con mayor pragmatismo y gradualismo que las dos posturas antagónicas vistas con anterioridad. El Estado orienta, fija prioridades, estimula, y crea condiciones mediante la utilización de tres herramientas básicas: el impuesto, el arancel y el crédito.

Suelen desarrollar políticas proteccionistas de la industria nacional, a través de un tipo de cambio alto, y orientando el crédito como fomento a la producción y no al consumo.

Promueven la actualización salarial a través de las convenciones colectivas, pero en ocasiones críticas han propuesto la generación de pactos sociales entre el sindicalismo, el empresariado y el Estado, tendientes a generar un marco de estabilidad para las inversiones.

Conciben a la inflación como un fenómeno estructural y no solo monetario. Para combatirla, sostienen que el aumento de la emisión monetaria no sólo no tiene que superar el nivel de reservas, sino que tiene que se acompañada por un aumento proporcional de la productividad. Conceptualmente, tienen a contener los precios mediante un aumento de la oferta de bienes y servicios, y no con la contracción de la demanda, como generalmente proponen el liberalismo monetarista.

En la historia argentina, este modelo fue reproducido –con matices- por Arturo Frondizi (1958-62), Carlos Menem (1989-96) Eduardo Duhalde (2002-2003) y Néstor Kirchner (2003-2007)

Internacionalmente, reconocen influencias parciales de las dos posturas anteriores. Dentro del espectro actual de la política nacional, encontramos en este espacio a los economistas del Frente Renovador liderado por Sergio Massa: Roberto Lavagna, Martín Redrado, Ricardo Delgado, Guillermo Nielsen, Miguel Peirano, Jorge Sarghini, Jorge Todesca y Carlos Pignanelli; los radicales Martín Losteau, Javier González Fraga y Rodolfo Terragno; los independientes Mario Blejer y Miguel Bein, –ambos asesores de Daniel Scioli-, Alfonso Prat Gay –aliado de Elisa Carrió-, Eduardo Levy Yeyati, Domingo Cavallo, Orlando Ferreres y Juan José Llach, entre otros.

La inclusión de los políticos y economistas dentro de cada corriente, está condicionada por los tiempos analizados, la coyuntura política nacional e internacional que les sirvió de marco y los tipos de herramientas utilizados en sus gestiones.

Siendo ésta una apretada y opinable síntesis, aportamos este trabajo como una invitación a la reflexión y la búsqueda de antecedentes y propuestas de quienes este año, aspiran a conducir los destinos de la República.

Buenos Aires, 25 de marzo de 2015


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2 comentarios:

Diego Bianchi dijo...

Excelente análisis Mariano. Felicitaciones!

Anónimo dijo...

Coincido con las grandes lineas del articulo, y tambien que el debate quedara postergado para el 2016. La realidad que practicamente en ninguna campaña presidencial los candidatos revelan que es lo que piensan hacer con la economia, y prometen "bajar la inflacion", y "bajar los impuestos", al mismo tiempo, lo que es una farsa... Gerardo Dj