Por Roberto Gargarella
Voy a analizar, punto por punto, el paupérrimo desistimiento del fiscal Javier De Luca. Escrito que resulta, para quienes lo criticamos, de una torpeza sorprendente, y que debiera resultar (claramente al menos, en algunas de sus partes) horroroso para quienes quieran defenderlo. El desistimiento de De Luca se basa en un pilar fundamental, flojo y errado: en el caso, manifiestamente, no hay delito, sobre todo porque el Congreso no puede cometer delitos. Veamos su presentación (que no argumentación) con detalle.
En el mismo comienzo de su deposición, De Luca reconoce que los fiscales “deben emplear criterios que conduzcan al mantenimiento de la acción penal, y no a su extinción”, por lo cual no se entiende por qué hace lo contrario.
