Menos gozos y más sombras




Por Mariano Rovatti

Tras el paréntesis (relativo) impuesto por la Copa del Mundo, la política retoma su ritmo febril en la Argentina. El gobierno de Javier Milei se aproxima a su último año de gestión en medio de adversidades crecientes, muchas de ellas generadas por sus propias decisiones.

Economía  agridulce

El gobierno enarbola como su gran éxito la baja de la inflación, principal preocupación de los argentinos al momento de su elección en octubre de 2023. Tras asumir a fin de ese año, los registros del índice de precios al consumidor (IPC), marcaban un 25%  en diciembre 2023 y 21% en enero 2024, para comenzar allí una sensible baja. El total anual fue del 117%, poco más de la mitad del total del año anterior.

En 2025, la inflación total fue del 31,5% (promedio mensual 2,2%) siendo el mes de mayo el que registró el índice más bajo de la gestión Milei: 1,5%.

En 2026, en junio se registró un 1,9% y en marzo un 3,4%, siendo el último guarismo de julio el del 2,1%. Proyectada anualmente y a este ritmo, la inflación estaría cerca del 36%, 4 puntos y medio más que el año anterior, y muy lejos de los índices de países desarrollados, que no suelen ser de más de un dígito.

En general, la inflación caminó más rápido en los rubros de servicios públicos y vivienda, que en los de alimentos y bebidas u otros servicios.

En cuanto a la producción de bienes y servicios, el 2024 fue un año de caída del Producto Bruto Interno (PBI) del 1,3%. Al año siguiente, se registró un alza del 4,4%, y de acuerdo a lo que va del 2026, la proyección estimada es del 3,2%. Las tres locomotoras de este proceso son las actividades financiera (24,7%), minera (8%) y agropecuaria (7,9%).

Dentro de ese combo, la industria registra caídas del 10% (2024), 5% (2025) y 2,2% en lo que va del 2026.  La utilización de la capacidad instalada es del 58%.

El consumo cayó un 6% en 2024 y repuntó en 2025, con un alza del 7%, pero con gran incidencia en shoppings y viajes al exterior, y poco volumen en alimentos y bebidas.

En cuanto al salario real –medido sobre los valores del empleo formal- hubo un crecimiento del 6% en 2024, un empate en 2025 y se prevé una suba del 3% para el 2026. Cabe aclarar que aumenta paulatinamente la brecha entre el salario del sector privado formal y el del sector privado informal y sector público.

Desde el inicio de la gestión Milei, se extinguieron 235.000 puestos de trabajo formales, representando una caída del 3,7%. Se destacan en este rubro la pérdida en la industria de la construcción (60.000) y en la industria manufacturera (35.000).

Hoy la desocupación llega al 7,8%, mitigada por el crecimiento de los monotributistas (150.000 más) y del empleo no registrado, que alcanza ya al 28% de la población activa.

En cuanto a la deuda externa pública bruta, ésta ya llega al pico histórico de U$S 321.782 millones, registrado en aumento en el período de U$ 35.000.- millones. La deuda pública total (pesos y dólares) hoy está en U$S 483.830 millones, casi U$S 60.000 millones más que en diciembre 2023.

La recaudación fiscal cayó en 2024 un 9%, se mantuvo neutra en 2025 y lleva una baja de 4% en lo que va de 2026, siempre medida en términos reales. El superávit fiscal financiero fue alcanzado en 2024 (0,2% del PBI) y mantenido en 2025, siendo en la actualidad del 0,1% del PBI.

El superávit comercial lleva ya 31 meses consecutivos, alcanzando un saldo de U$S 6.861 millones en junio de 2026. Esto derivó en la suba de las reservas brutas del Banco Central, las que hoy son de U$S 50.000 millones. En ambos datos, fueron decisivos la recuperación del sector agropecuario, golpeado por la gran sequía registrada entre 2020 y 2023, y el ahorro de U$S 9.122 millones en sustitución de importaciones generado por la puesta en funcionamiento del gasoducto Perito Moreno (ex Néstor Kirchner).

La tasa de interés de plazos fijos arrancó en diciembre de 2023 al 130% y bajó notablemente hasta llegar en 2026 en un nivel cercano al 22%, llegando a su pico en el año del 33% en febrero de este año y 19% al momento actual, siendo la tasa de referencia del Banco Central del 29%. En cuanto al dólar, tras la devaluación inicial que generó un salto cambiario del 118,6 %, se fue administrando con distintos mecanismos, hasta llegar al valor actual que cercano a los $ 1.500.- desde julio de 2024 con oscilaciones, coincidiendo con un proceso de compra de divisas y acumulación de reservas.

Todos estos datos son expresión de una política económica cuyos ejes son los siguientes:

·        La convicción dogmática de que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario, y que no resultan relevantes para su constitución el crecimiento del PBI ni la concentración productiva. En la cabeza de los economistas del oficialismo, educados en el liberalismo monetarista, anida la idea de que a la inflación se la derrota bajando el gasto público hasta que no haya más deficit fiscal, y aplacando los salarios. Para su plan, es necesario que la economía se enfríe, y que la recesión y la caída del consumo bajen los precios.

·        La determinación de limitar la actividad productiva a aquéllas áreas que ofrecen ventajas comparativas con el resto del mundo, tales como el agro y la minería, desalentando así la producción industrial y la inversion en infraestructura y logística.

·        El retiro del Estado como factor de desarrollo, árbitro de las relaciones económicas privadas o impulsor de actividades alternativas.

·        La baja de aranceles de importación, generando una competencia desigual para la industria nacional contra economías en donde rige el dumping, o condiciones laborales de semiesclavitud.

·        El remanido argumento de que la estabilización es previa al desarrollo: sólo sería posible el aumento de la inversión productiva si antes el nivel de inflación desciende a niveles por debajo del 10% anual.

 

Históricamente, este modelo nunca pudo lograr éxitos y sostenerlos en el tiempo. La mayoría de los gobiernos militares, el de De la Rúa y el de Macri llevaron a cabo estas medidas, terminando siempre en una crisis política, económica y social. El gobierno de Milei solo se diferencia de ellos en la intensidad y la velocidad –e incluso crueldad- con que llevó adelante su plan.  En el caso de este ultimo, si bien es cierto que la inflación bajó, aún está lejos de los niveles de los países desarrollados e incluso de los promedios anuales de las gestiones de Carlos Menem (12,7 %) y Néstor Kirchner (9,8 %), que tuvieron como respaldo sendos aumentos del PBI: 39,8 % entre 1989 y 1999, y 34,9 % entre 2003 y 2007.

Hacia un país sin clase media

 El sector más rico del país, que representa el 6% de la población argentina -unas 2,8 millones de personas distribuidas en 800 mil hogares- concentra el 34% de la riqueza del país. En ese rango, el ingreso familiar promedio mensual alcanza los U$S 7.900.- Dentro de ese segmento, el tramo equivalente al 1% de la población más rico, el promedio escala hasta U$S 16.000 mensuales.

 En la franja media, se ubica el 44% y en la más baja, el 50%. Dentro de ellas, la media alta contiene al 18%, la media baja el 26%, la baja superior el 31% y la baja inferior, el 19%. En todo el país, el ingreso medio mensual es de U$S 770.- ($ 1.155.000.-). La tendencia es al crecimiento de los sectores más pobres y la concentración de ingresos en los niveles más altos.

 Ello genera que el nivel de consumo total está sostenido principalmente por los sectores más altos, mientras los medios y bajos cada vez tienden cada vez más a tener ingresos de subsistencia, o que no resulte suficiente ni siquiera para ello. La caída del salario real, la pérdida de puestos de trabajo formales y el alza de los precios relacionados con la vivienda y servicios públicos  impulsan esta tendencia.

 También ello ha generado una aceleración de la morosidad bancaria, en tarjetas de crédito y préstamos (12,8%) y en la utilización de las billeteras virtuales (30%). Dicho endeudamiento no fue tomado para gastos extraordinarios, sino para posibilitar la subsistencia, agravando aún más la situación de millones de argentinos.

 Todo ello se agrava con el encarecimiento de las empresas de medicina prepaga, que ha generado una salida masiva de afiliados, y la pérdida de subsidios a medicamentos y tratamientos, tales como las que correspondían a tratamientos oncológicos, pensiones por discapacidad y remedios para jubilados, entre muchos otros, que afectan a millones de personas.

 También es de destacar la decision de obstaculizar el financiamiento adecuado de las  universidades públicas, bastión de la clase media argentina. El primer gobierno del Gral. Perón dispuso la gratuidad de las mismas para los estudiantes, para llenar las universidades de hijos de obreros. Este paradigma está desafiado por el actual gobierno, que claramente prefiere que los estudios superiores sean accesibles solo para las clases más altas, consolidadando cada estamento su condición, limitando la posibilidad de la movilidad social. 

 Reordenamiento politico

 Este proceso económico y social afecta directamente al esquema político. El gobierno observa que gran parte de la sociedad va perdiendo la paciencia, y que una buena porción de sus votantes muestra signos de decepción y arrepentimiento.

 También ha generado un gran desgaste al gobierno la insólita estrategia asumida en el caso Adorni. Cualquier gobierno normal le hubiera soltado la mano apenas explotó el escándalo, pero Milei eligió quemarse a sí mismo defendiendo a capa y espada a su amigo-funcionario. Finalmente, Adorni se fue igual, y el gobierno quedó debilitado.

 La inflación dejó de ser el punto n° 1 de preocupación social, para ser desplazada por el miedo a perder el trabajo y la insuficiencia salarial. Los jóvenes varones, que en 2023 votaron a Milei en masa, chocaron contra la realidad del desempleo, las bajas remuneraciones y el trabajo no registrado.

 La fidelidad electoral a Milei va en descenso, pero el peronismo no logra afirmarse como receptor de ese desgaste. Por ahora, esos votos van a un saco vacío, el de la indiferencia y la resignación. Ya se vio algo de ello en la elección de 2025, la de más bajo índice de concurrencia electoral de la historia.

 En las encuestas, hoy Milei empata con Axel Kicillof, tanto en imagen positiva (entre el 30% y el 35%) e imagen negativa (cercana al 65%). El presidente tiende a la caída y el gobernador se mantiene estable. Pero muy cerca de ellos y con números ligeramente inferiores, están Myriam Bregman (manijeada por los medios), Patricia Bullrich y Cristina Fernández-Kirchner.  Un escalón más abajo está Sergio Massa, y en un piso del 5% positivo, las imágenes de Victoria Villarruel y Mauricio Macri, entre otros.

 Así, el panorama está abierto, con lo que cobra relevancia el armado politico estructural que pueda construir cada candidato.

 El presidente y su hermana impulsan la derogación de las PASO, porque entienden que beneficiarían al peronismo, actuando como un factor ordenador de los conflictos que la falta de liderazgo no puede resolver.

 Ahora, los aliados ex PRO –principalmente Diego Santilli- dudan que ello sea exactamente así, quizás por su condición de dobles agentes: al partido amarillo le conviene la permanencia de las PASO, no tanto para elegir Presidente, sino para tener mayores posibilidades en las listas nacionales de diputados y senadores. Algo similar ocurre con el radicalismo. La oferta de las colectoras lanzada por Milei a los gobernadores aún no generó apoyo entre éstos.

 Hoy el gobierno luce dividido, con las conducciones política y económica desconectadas entre sí, pasándose facturas. La última derrota en el Congreso tras la ley de tierras que no fue, generó la búsqueda de chivos expiatorios, teniendo a Federico Sturzenegger como principal destinatario de los reproches. También Luis Caputo recibe ataques por la economía planchada, el consumo en retroceso y la caída de los empleos y salarios.

 El caso de Patricia Bullrich es especial, ya que está con un pie adentro y otro afuera del esquema de La Libertad Avanza. Explícitamente, manifestó que va chupada (en el sentido del automovilismo deportivo) atrás de Milei, dispuesta a pasar al primer lugar. ¿Por qué imagina que Milei puede no ir por la reelección?

 Hay dos señales que vale la pena observar: una, que Carolina Serrano hace seis meses  volvió a tener diálogo habitual con Macri, y no debería descartarse que utilice la plataforma PRO para jugar por la presidencial. A Macri lo que le importa –de minima- es conservar la capital y que su primo Jorge pueda reelegir.

 La otra es que empezaron a caminar los candidatos outsiders, que básicamente, no cuestionan el modelo económico, pero sí las consecuencias sociales del mismo, promoviendo atemperar sus efectos en la población más vulnerable. Primero fue el pastor Dante Guebel –lanzado por Héctor Magnetto- que no cuajó por sus indefiniciones en cada tema concreto en que fue consultado, en el raid mediático que llevó a cabo meses atrás. Después de dicha excursion por la Argentina, volvió a sus actividades en Los Ángeles.

 Ahora aparece Daniel Hadad, residente en Miami, pero con mayor conexión con la realidad argentina. Ha convocado en dos ocasiones a distintos referentes nacionales, con relativo éxito. Su verba tiene mucho más volumen politico que la del pastor, pero aparentemente, tampoco sería el elegido.

 Hay un sector del establishment que ha confiado en Emilio Monzó el armado de una propuesta destinada a conquistar el 35%-40% que hoy no se siente representada por el gobierno ni por el kirchnerismo, en sus distintas versiones. Y el elegido para ser candidato a presidente sería Jorge Brito, hombre cercano a Daniel Hadad y a Sergio Massa. Banquero nacional y ex presidente de River Plate, no tendría el inconveniente de no ser conocido popularmente, pero quizás carezca del liderazgo necesario para impedir otra brutal polarización electoral.   

 La aparición de los outsiders coincide con un giro crítico en la editorial de los principales multimedios del país, que destacan las consecuencias sociales del ajuste, en especial el creciente endeudamiento de las empresas y las familias. Parece claro que no lo ven a Milei ganador, y preparan el muletto.

 También llama la atención que el Presidente no estaría concurriendo a la Casa Rosada desde hace semanas. Ello, incluido a una imagen física sensiblemente desmejorada, y a que en las contadas ocasiones en que habla en público, lo hace en un estado emocional aún más violento que lo habitual.  

 Mientras tanto, el peronismo da señales de vida. Convocados por los jefes de bloque legislativos –Germán Martínez y José Mayans- se reunieron Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa (con un rol decisivo en la caída de la reforma a la ley de tierras) y los gobernadores Gildo Insfrán, Sergio Zilliotto, Ricardo Quintela y Gustavo Melella, junto a Gerardo Zamora.

 Acordaron sostener la PASO como sea, y si llegan a derogarse, hacer una interna propia. No se van a elegir candidatos de unidad sino sólo por voto popular. Allí se elegirán candidatos, pero también el peronismo elegiría a su nueva conducción real.

 En el justicialismo, hay por lo menos cuatro corrientes: La Cámpora, que responde a Cristina, el MDF liderado por Axel Kicillof, el grupo de Parque Norte (muy cercano al Frente Renovador de Sergio Massa) y el de Juan Grabois, que no estuvo representado en la mencionada reunión. Algunos ven posible que el armado de Monzó y los outsiders participen de esta interna.

 Un nuevo clima emocional

 Cuando murió el Indio Solari, en los primeros días de junio, en sus exequias se pudo ver un fenómeno muy curioso. Tras el rechazo oficial a hacerlas en el Congreso Nacional, Axel Kicillof y Máximo Kirchner tomaron la iniciativa de organizarlas en territorio bonaerense, sirviendo la ocasion para generar un reencuentro entre ambos. Un millón de personas salidas del subsuelo de la Patria (parafraseando a Scalabrini Ortiz) irrumpió en la escena pública y mostró que hay una porción grande de la sociedad que no es tenida en cuenta por el poder politico, económico y mediático.

 A los pocos días, comenzó la Copa del Mundo, generando el esperable resurgir nacionalista en la población. Frente a un gobierno hiperalienado a Estados Unidos e Israel, la pasión albiceleste incomodó al gobierno. Hasta que en las vísperas de la semifinal contra Inglaterra, la ministra Monteoliva, en un paripé cipayo como pocos, se comprometió a que no habría banderas con el mapita de las Islas Malvinas.

 Tras la épica victoria argentina, en medio de la borrachera de felicidad, los jugadores de la selección (a quienes muchas veces se les reprochó su neutralidad política) alzaron la ya célebre sábana pintada a mano (al modo de los años setenta) con el mensaje claro y directo de que las Malvinas son argentinas, desmintiendo que era sólo un partido de fútbol.

 El reciente tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, en la que el gobierno tuvo que resignar el capítulo que reformaba la ley de Tierras, mantuvo ese fervor por defender el patrimonio nacional, logrando que se comprometieran figuras públicas habitualmente neutrales o cercanas al gobierno. Ello, y la feroz represión lanzada contra los manifestantes en Plaza Congreso, significaron un alto costo politico para el oficialismo, obligado a detenerse y pensar mejor sus movimientos futuros.

 Estos hitos cambiaron el clima emocional del país. ¿Para siempre? Veremos…

 Buenos Aires, 23 de agosto de 2026




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